Las salsas

Desde los comienzos del arte culinario, el hombre ha ido incorporando hierbas, hojas y distintos ingredientes para saborizar sus primitivas comidas. El origen de las salsas hay que buscarlo en el Imperio Romano. El vocablo salsa deriva del latÃn “salsus”. En Roma y en Grecia se añadÃan a la comida lÃquidos o pastas con frutas, miel, pescado triturado o pimienta entre otras cosas. En la Edad Media, especialmente en las cocinas de Francia, se comenzaron a usar ingredientes como vinagre, caldo, manzanilla o vino para las nuevas creaciones. Todos los productos gastronómicos, con el correr de los siglos, fueron evolucionando, mejorando e incorporando otros ingredientes que se fueron conociendo durante los viajes de exploración y de conquista. De esta manera fueron llegando a Europa verduras, cereales o especias desconocidas desde Asia y América que se utilizaron para dar origen a muchas de las preparaciones que conocemos en la actualidad. La función de una salsa es “humedecer”, “bañar”, “untar” un alimento, es decir, acompañarlo, darle nuevo sabor y permitir disfrutar del mismo con nuevos aromas. La clasificación de las salsas es tan amplia, que podemos encontrar muchas maneras de agruparlas. Pueden ser frÃas o calientes, dulces o agridulces, espesas o lÃquidas. Las salsas pueden obtenerse a partir de distintos procesos:
       * Mezclando en frÃo varios ingredientes en un recipiente y batiendo
       * Disolviendo un ingrediente sólido en un lÃquido mediante un batido. Esto puede hacerse en frÃo o en caliente.
       * Utilizando una mezcla en caliente de manteca y harina.
       * Usando un caldo como base, al que se incorporan otros ingredientes durante la cocción.
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